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Ese muerto que llevamos en la conciencia.

    “Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Palabras que Cristo respondió cuando los “maestros de la ley y los religiosos” le presentaron a una mujer tomada en adulterio (Juan 8:1-7). No sè si para todos es tan visible como para nosotros, pero es tan evidente en las escrituras que Cristo “generalmente” sus exabruptos los tuvo con los “caciques y religiosos” NO con el pueblo, y esto, no de vez en cuando sino durante TODO su ministerio. Pero volviendo al punto medular. Por fuera todos o casi todos nos vemos bien bañaditos, bien arregladitos, bien presentables, pero, por dentro: “Todos llevamos un muerto en la conciencia” como dijo un predicador de jóvenes. Fue por eso, que cuando los religiosos esperaban una respuesta de Cristo para poder acusarlo en contra de Roma o de la Ley de Moisès, TODOS reflexionaron en la expresión de Cristo: “El que esté libre de pecado, tire la primera piedra”, y, “casualmente” los primeros en retirarse fueron los más viejos. Bien...

Y murió Josè, sus hermanos, y toda aquella generación.

    Hemos visto durante nuestra caminata cristiana a personas, familias e imperios destruirse entre ellos por el afán a las riquezas; a los bienes de los ancestros; y a la ambición de tener más, de poseer más. Cristo dijo: “De què le sirve al hombre ganar el mundo, si pierde su alma” (Mateo 16:26). Salomòn escribió: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Eclesiastés 1:2). Estudiando las escrituras vemos hombres de Dios a los cuales les diò muchas riquezas: Abraham fue uno de ellos, pero cuando murió dejó todo (Gènesis 25:5). Josè, su nieto, no fue la excepción, y nos dice la historia que murió él, sus hermanos, y toda esa generación y ninguno se llevó nada (Éxodo 1:6). Nosotros estamos en las mismas condiciones, quizás hoy tenemos un auto moderno, una casa muy còmoda, un terreno muy productivo, una cuenta de banco abundante, etc. Pero TODO se quedarà el día que nos toque partir… TODO. Por ello, como decía la abuela: “Si estiramos la mano que sea para compartir no para pe...

En jueves y domingo, porque él era el Cordero pascual.

    El mandato de tomar y comer el Cordero pascual lo diò Jehovà a su pueblo, para celebrar la liberaciòn del pueblo de la esclavitud de Egipto. El cordero había de seleccionarse el día diez y ser sacrificado el día catorce del mes (Nissàn), o sea, cuatro días después (Éxodo 12:3 y 6). Luego, se nos explica que el día primero de la semana es el domingo (Marcos 16:1). Las escrituras también nos enseñan que el Cordero de Dios es Cristo, su Hijo primogènito, que había de ser sacrificado para liberarnos de la esclavitud del pecado (Isaìas 53). Así, cuando Cristo entró el domingo (que nosotros llamamos de ramos) a Jerusalèn, estaba siendo escogido como el Cordero el primer día de la semana para ser sacrificado al cuarto día (Jueves, no viernes). Esto nos explicarìa, que la profecìa o señal que él mismo diò a los incrédulos religiosos que estaría como Jonàs 3 dìas y 3 noches sepultado se cumpliera (jueves a viernes; viernes a sábado, y resucitar al tercer día, o sea de sábado a ...

Los aparentes estorbos.

    Según las escrituras la humanidad tal y como la conocemos hoy lleva seis mil años sobre la faz de la tierra (Según la cronologìa Usher basada en 2ª de Pedro 3:8; y los libros de Gènesis y Crònicas). Durante ese período de tiempo podemos observar que “dentro” del pueblo escogido por Dios (Israel en el Antiguo testamento, y la Iglesia conjuntamente ahora en el Nuevo testamento), ha habido personas que “aparentemente” han llegado a ser estorbos para la caminata del pueblo. Veamos: Josuè manda atacar al pueblo de Hai, y la orden de Jehovà es NO tomar nada de valor de ese pueblo para sì, pero Acan, no obedece y por su culpa mueren 36 hombres de Israel (Josuè 7). ¿Un estorbo? Si, pero sirvió para que el pueblo realmente entregado aprendiera obediencia absoluta. Naamàn busca a Eliseo para ser sanado de su lepra, èste le encuentra la sanaciòn de una forma que ahora no viene al caso, el punto es que NO acepta ofrenda alguna de Naamàn, pero su siervo ambicioso Giezi, sì la quier...

El apóstol que todos llevamos dentro.

  Todos los creyentes llevamos dentro parte de uno de los apóstoles de nuestro Señor: ¿Quièn de nosotros no es impetuoso como Juan y Jacobo (Santiago), a quienes el Señor llamó Bonaerges (hijos del trueno)? ¿Quièn de nosotros no ha negado a su Señor como lo hizo Pedro? ¿Quièn de nosotros no ha dudado del Señor como lo hizo Tomàs? ¿Quièn de nosotros no ha traicionado su fe y su amor a Cristo por beneficios personales como lo hizo Judas?  Sì, todos llevamos dentro algo de las deficiencias de cada uno de los discípulos del Señor, y, nuestra labor ha de ser sacar el mayor provecho de cada uno de ellos. Pues, así, podremos decir que estamos luchando por alcanzar lo que se nos fue prometido: “Llegar a la plenitud de la estatura completa del Hijo de Dios” (Efesios 4:13). Luchemos puesto que se puede.   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.  

Esa fe incompleta que todos tenemos.

    El Señor les dice a sus doce discípulos en una ocasión: “Los enviarè a predicar y hacer milagros de dos en dos. No lleven dinero, ni mochila, ni dos pares de zapatos” (Lucas 10:4). Obedecieron, salieron, fueron y obtuvieron grandes resultados, tanto que ellos mismos estaban admirados. Pero, es asombroso què a pesar de haber creìdo en el Señor; de seguirle por varios meses; de ver las grandes obras que había hecho que ningún religioso hacìa… simplemente la fe de ellos era incompleta (Lucas 17:5). Nosotros hoy en día, a pesar què no hemos hecho las obras que hicieron los apóstoles estando ya ungidos por el Espìritu Santo, no podemos negar que hemos visto las grandes obras que Dios ha hecho en determinados momentos de nuestra vida o en la de otra persona. Y, sin embargo, estamos como los discípulos, con dudas, con titubeos, con incertidumbre. No cabe duda que necesitamos orar por lo mismo que los discípulos oraron: ¡Señor, auméntanos la fe! (Lucas 17:5).   Señor:...

Un juego perfecto.

    En el beis ball, se llama un juego perfecto aquèl en el cuál el lanzador hace los 27 outs del encuentro sin que ningún bateador pegue un hit, toque una base, o le haga una carrera. Es una de las joyas de èste deporte, tanto así, que sólo han habido 24 de ellos desde el 19 de Junio de 1846 a la fecha (Julio 2024). Cada temporada cada equipo juego 162 partidos, son 30 franquicias en total, lo que nos da un aproximado de 850,000 juegos en la historia, difícil proeza pero sin embargo los ha habido. Dios tiene un plan eterno para la humanidad, lo ha puesto a disposición por medio de su Hijo en la cruz, el plan es “perfecto”, pero lo primero que tenemos que hacer es alistarnos en su “franquicia”, luego vestirnos con su uniforme (Efesios 6:10-20). Prepararnos estudiando su palabra, y salir al campo de batalla, él (y sólo él) nos hará hacer el juego perfecto.   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.