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Mostrando las entradas de junio, 2023

Si la palabra dice que nos Dios habla ¿Por què no lo oìmos?

    No somos pocos los que nos quejamos que queremos o necesitamos escuchar la voz de Dios para saber què hacer. Tampoco somos pocos los que nos aferramos a su promesa: “Que el cielo NO se nos vuelva de bronce, NI la tierra de hierro”, es decir: Señor escùchame, y que mi trabajo sea productivo (Deuteronomio 28:23). Pero ¿Cuàl es la verdadera razón por la que NO escuchamos a Dios, siendo que él SIEMPRE está dispuesto a conversar con nosotros y fortalecernos? (2ª Crònicas 16:9). El libro de Deuteronomio nos da una respuesta lección desde su mismo inicio: “Acontecerà que si OYERES atentamente la voz de Jehovà tu Dios…” (Deuteronomio 28:1). Y, en el Padre Nuestro Cristo nos enseñò otra respuesta lecciòn: “Hàgase tu voluntad aquí en la tierra como allá en el cielo (Mateo 6:10). ¿Entendemos Ahora?. Primero: Dice en Deuteronomio que ESCUCHEMOS no dice que nos hinquemos a hablar y hablar; a pedir y pedir sin dejarlo hablar a èl. Y en Mateo dice que esperemos se haga SU VOLUNTAD no...

No menospreciemos a los profetas.

  Un problema serio que tuvo el pueblo de Israel en el pasado, fue que menospreciaron a los hombres de fe que Dios les envió para avisarles lo que sucederìa pronto o en un futuro (Jeremìas 6:17). Jeremìas pasó 23 años anunciando el cautiverio en Babilonia, pero no fue escuchado (Jeremìas 25:1-4), y ¿cuál fue el resultado? Que la palabra se cumplió y muchos sufrieron las consecuencias de 70 años de cautiverio. Hoy, el Señor nos está enviando profetas (quizás no tan santos como los antiguos) pero que nos están haciendo ver las señales de un fin inminente (guerras, rumores de guerras, hambres, pestes, terremotos, falsos lìderes que se creen ungidos de Dios, etc.), y ¿Què estamos haciendo nosotros con toda esa información? Otra vez la estamos ignorando. Muchos dicen: ¡Desde que soy niño escucho lo mismo y no sucede nada!; ¡Cada vez que algo fuera de lo normal sucede nos meten miedo con el fin del mundo!; ¡Nos quieren engañar con miedo cuando lo que necesitamos es ser positivos!, etc....

La provisiòn era para ser usada.

    Faraòn tiene un sueño, en el cuál ve siete vacas gordas, pero no sabe què significan, por lo que providencialmente encarcelado Josè, el hijo de Jacob es llamado para interpretárselo (Gènesis 41:2 y 14). Dicha interpretación significa que venìan siete años de prosperidad en los cuales era recomendable “ahorrar o guardar” (Gènesis 41:26 y 29), para luego servir para cubrir necesidades porque vendrían siete años de escasez (siete vacas flacas, Gènesis 41:27 y 30). ¿Para què se hizo provisiòn en los años de abundancia entonces?   Escrito està: ¡PARA SER USADA EN LOS TIEMPOS DE ESCASEZ! (Gènesis 41:34-36) ¿Estamos preocupados porque ya no podemos ahorrar dinero como lo hicimos en el pasado? ¿Estamos angustiados porque nuestros ahorros están disminuyendo? La respuesta es simple: ¡Los tiempos de vacas flacas ya nos alcanzaron, y, lejos de pensar que estamos “perdiendo” nuestro dinero, tenemos que pensar y agradecer que Dios nos avisò con tiempo; nos proveyó los recursos;...

La maldición de Adàn y Caìn.

    Dios se dirige a Caìn y le dice:” ¿Què has hecho?, la voz de la sangre de tu hermano clama a mì desde la tierra” (Gènesis 4:10). Dios declaró más adelante que la “vida” está en la “sangre”, es la razón por la que un creyente NO debe comer sangre de animal ni mucho menos humana (Levìtico 17:11). ¿Què causò el “clamor” de la sangre de Abel sobre Caìn?   ¡Una maldición! (Gènesis 4:11). ¿Cuàl fuè esa maldición? ¡Cuando labres la tierra… NO te volverà a dar su fuerza! (verso 12). Ahora entendemos el por què, el trabajo del ser humano es tan fastidioso. No solamente fue la sentencia a Adàn (Gènesis 3:17) sino también a Caìn… la maldición de la tierra. Y, ¿Por què esas maldiciones? Por el mismo tema: “pecado”. Eso nos explica el por què nuestro trabajo como varones tiene tantas angustias, tantas limitaciones, tantas dificultades. Porque NO buscamos agradar a Dios sino buscamos solamente nuestra conveniencia y eso nos lleva al pecado. Pareciera que no viene al caso, pero ...

Las preguntas de Dios.

    Adàn y Eva pecan en el huerto del Edèn comiendo de la fruta que les había sido prohibida, Dios, como todos los días nos dice la escritura baja a conversar con ellos y no los encuentra, entonces pregunta: ¿Adàn, en dónde estàs tú? (Gènesis 3:9). En esa misma conversación pregunta: ¿Adàn, quièn te enseñò que estabas desnudo? (verso 11). E inmediatamente cuestiona sin que Adàn haya respondido aùn: ¿Has comido del árbol de que yo te mandè no comieses? (mismo verso). Luego, dirigiéndose a Eva pregunta: ¿Què es lo que has hecho? (verso 13). Preguntamos: ¿Si Dios es omnipresente y omnisciente, acaso no sabìa y no había observado lo que había sucedido, cuándo, cómo y por què?   La respuesta es sencilla: ¡Definitivamente sì!. Pero él pregunta para que el “hombre razone” acerca de lo que hizo, no para enterarse o razonarlo él. Hoy, nos sucede lo mismo, los cuestionamientos de Dios son para que nosotros “razonemos” y entendamos por dónde vamos. Meditemos. Señor: Danos un h...

La solución a los problemas NO es ni el rapto ni nuestra muerte.

    Nadie podemos negar que estamos viviendo tiempos difíciles, unos más que otros (la gran mayoría por cierto), porque, simplemente, ya pasaron los años de las vacas gordas de las que nos profetizò el patriarca Josè (Gènesis 41). Asi la situación, con familias enteras e individuos en angustias, hacemos lo que hizo el pueblo de Israel todo el tiempo que entró en las mismas situaciones… buscar a Dios. Este tema NO es malo, lo malo es que NO lo busquemos por amor a él sino como la solución “màgica” para nuestra pena. Dios ciertamente no se molesta porque le busquemos por uno u otro motivo pues su amor, su misericordia, su empatìa, y su tolerancia son infinitas, por ello nos dice: “Venid a mì todos los que estáis cargados y cansados” (Mateo 11:28). Pero, tampoco podemos creer por ello que el tan anunciado rapto de la Iglesia en general o personal sea nuestra solución, ni mucho menos en el momento que nosotros lo deseemos. Cualquiera de los dos serà en el tiempo que su Plan lo...

No hay tal paz, poder y prosperidad.

    En un medio ambiente en donde el ser humano solamente pensaba y buscaba hacer el mal de continuo, Dios vio sobre la faz de la tierra a un Noè. Hombre justo delante de sus ojos y que quería agradar su corazòn (Gènesis 6:5 y 8). Ante èsta comparación de actitudes y razones de vida con el resto del mundo, nos dice la escritura que Dios se molestò, se disgustò, y se sintió lastimado por tanta maldad (la palabra original es atsab, Gènesis 6:6) NUNCA dice que se “arrepintió” de crear al hombre, simplemente porque él no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta (Nùmeros 23:19). Así, vemos que el único hombre sobre la tierra que verdaderamente amò, respetò y honrò a Dios… se viò obligado a pasar 1 año y 10 dìas bajo las inclemencias, sufrimientos, angustias, limitaciones y trabajos duros por causa del diluvio… y por culpa de otros no de èl (Gènes 7:11 y 8:13-14). Y, muy a pesar de ese ejemplo, como también podríamos mencionar al “justo Job” que perdió...

Lo que somos y lo que hacemos es lo que reproducimos.

    Noè tuvo tres hijos, Jafet, Sem y Cam (Gènesis 7:13), dos de ellos excelentes pero el tercero Cam, no lo fue. Nos narra la historia que un día Noè bebiò vino de más y se embriagò, Cam lo vio desnudo en su tienda y no fue prudente (Gènesis 9:21-22). Por lo que Noè al saberlo lo maldijo (Gènesis 9:24-25). Cam, más adelante, y ya maldito, engendra a Cus, hoy es Libia (Gènesis 10:6), quien a su vez engendra a Nimrod (Gènesis 10:8), quien es el fundador de Babel, la ciudad que hizo “enojar” a Dios al extremo de hacerlo tomar la decisión de dividir la tierra (Gènesis 10:10 y 11:6-7). Cam también engendrò a Canaan, quien engrendrò a Het (Gènesis 10:6 y15), cuyos descendientes habitaron en Sodoma y Gomorra y las otras tres ciudades de la llamada llanura (Adma,Zeboim y Zoar) que “pecaron grandemente” contra Dios (Gènesis 10:19 y 19:25 y 29). Lecciòn: Lo que somos, eso es lo que reproducimos, por ello hemos de clamar a Dios ser columnas, ejemplos y testimonios de amor, toleranci...

El querer ser como Dios.

      Dios crea el universo mucho antes de crear el cielo y la tierra que conocemos (Gènesis 1:1), crea también seres vivientes entre ellos a uno muy inteligente y bello llamado Luzbel, pero, èste enaltecido quiso ser como Dios, y què fue lo que causo… un CAOS (Isaìas 14:12-15). Más adelante encontramos a Dios creando precisamente el cielo y la tierra en donde hizo habitar al hombre y a la mujer, pero también, dado el momento quisieron ser igual a Dios, y què fue lo que causaron… otro CAOS (Gènesis 3:5). Pero el tema no queda allí, pues hoy, 6,000 años después encontramos al hombre manejando la llamada “Inteligencia Artificial”, que, a todas luces es nuevamente el intentar ser como Dios. ¿Què podemos esperar de èsta tercera ola de pensamientos creyendo que podemos igualar o semejar a ser Dios? El CAOS más grande que la historia del hombre verà… y, para ser más precisos, el ùltimo (Isaìas 42:8).   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

No importa de dónde venimos sino en quién nos convertimos.

    Nos narra la historia del pueblo de Israel què en tiempos de los jueces, hubo un ciclo de pecado sin fin, y cuando el pueblo se sentía abandonado por Dios clamaba y Dios les respondìa (Jueces, capítulos 1-10). Así, un día determinado   Dios les envìa a un hombre llamado Jeftè. Es impactante que en la angustia, tanto el pueblo de Israel en su momento como nosotros hoy en dìa, dado el momento, tendemos a recibir ayuda NO IMPORTANDO DE DONDE VENGA. ¿Por què lo decimos? Pues porque dentro de las leyes más importantes que Dios le diò a Moisès para SU pueblo estaban las de la moral, en donde explicaba què una mujer prostituta era muy mal vista (Levìtico 20:10). Pues el caso, es que Jeftè, era hijo de Galaad y una prostituta (Jueces 11:1). Fue por esa razón que los mismos hermanos de Jeftè no solamente no le querìan sino lo echaron de la casa del padre (Jueces 11:2), pero, definitivamente algún buen testimonio de vida diò, que en el momento de más angustia los “ancianos”...

Si alguno quiere ministrar.

  Es muy común que quien inicia o se mete de lleno en los asuntos del Señor en algún momento quiera dedicarse a predicar la palabra de Dios. Dice la escritura que esa intención es buena, el Apòstol Pablo se lo hace saber de èsta forma a Timoteo: “Predica la palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción” (2ª Timoteo 4:2). Sin embargo, otro Apòstol, Pedro, nos instruye acerca de cómo debemos ministrar si recibimos de Dios la autorización para hacerlo: “Si alguien ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenece la gloria y el imperio” (1ª Pedro 4:11). Pero el mismo Cordero a quien pertenece esa gloria y ese imperio nos exhorta diciendo: “De gracia recibisteis… dad de gracia”, es decir por amor no por intereses ocultos (Mateo 10:8). En una ocasión un mago y adivino que viò las obras del Espìritu Santo, quiso “comprarlas” a los discípulos, las lapidar...