Y murió Josè, sus hermanos, y toda aquella generación.
Hemos visto durante nuestra
caminata cristiana a personas, familias e imperios destruirse entre ellos por
el afán a las riquezas; a los bienes de los ancestros; y a la ambición de tener
más, de poseer más. Cristo dijo: “De què le sirve al hombre ganar el mundo, si
pierde su alma” (Mateo 16:26). Salomòn escribió: “Vanidad de vanidades, todo es
vanidad” (Eclesiastés 1:2). Estudiando las escrituras vemos hombres de Dios a
los cuales les diò muchas riquezas: Abraham fue uno de ellos, pero cuando murió
dejó todo (Gènesis 25:5). Josè, su nieto, no fue la excepción, y nos dice la
historia que murió él, sus hermanos, y toda esa generación y ninguno se llevó
nada (Éxodo 1:6). Nosotros estamos en las mismas condiciones, quizás hoy
tenemos un auto moderno, una casa muy còmoda, un terreno muy productivo, una
cuenta de banco abundante, etc. Pero TODO se quedarà el día que nos toque
partir… TODO. Por ello, como decía la abuela: “Si estiramos la mano que sea
para compartir no para pedir”. Muchas personas han demostrado ser hábiles para
juntar riquezas… pero lamentablemente no lo han sido para juntar a su familia.
Triste.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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