A cinco minutos de la gloria.
Es común en la iglesia, sobre todo en la iglesia dominical
de los niños, nos enseñen algo similar a esto: Eran las tres de la tarde pero
desde el mediodía todo estaba en total oscuridad (Mateo 27:45), el Cristo
estaba agonizando, y a la par de él habían colocado también crucificados a dos
ladrones (Lucas 23:33). Y, seguidamente, nos contaron que uno de ellos,
denominado el “ladròn bueno”, reconoce la gloria del Hijo de Dios y por la
tarde está en el paraíso como cumplimiento de la promesa que el Cristo le hiciera
(quienes tenemos fe lo creemos). Sin embargo, casi nunca nos hablan del otro
ladròn, el que en lugar de reconocer sus pecados y clamar por su salvación reta
al Cristo diciéndole que: si verdaderamente es él entonces que se salve y los
salve a ellos “de esa situación” (Lucas 23:39). ¿Quièn podría pensar que èste
ladròn por su obstinada decisión estuvo a tan sólo cinco minutos de la gloria
pero la rechazò? Meditemos, no retemos a
Dios sino clamemos por nuestra salvación, no estemos nosotros mismos a cinco
minutos de la gloria y la rechacemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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