La penicilina santa.

 


 

Toda enfermedad bacteriana infecciosa es combatida con la famosa “penicilina” patentada por Alexander Flemming en 1929. Su forma de introducirla al cuerpo es por medio de una inyección la cual es bastante dolorosa pero necesaria. Podrìamos decir què: ¡sin dolor no hay curación!  En lo espiritual nos sucede algo similar, todo pecado se quita con reconocer que Cristo derramò su sangre por nuestras culpas y delitos, pero, se nos advierte que el proceso es doloroso. El proceso o caminata hasta llegar a la presencia de Dios es “tribulación” palabras del mismo Cristo (Juan 16:33). Ahora bien, así, como cualquier médico nos miente si nos dice que no se necesita penicilina para combatir una infección bacteriana y que no duele la inyecciòn, también un líder nos miente si nos dice que al reino de Dios se entra por paz, poder y prosperidad, o, mucho peor, si nos enseñan que ya estamos viviendo el reino. Las escrituras son exageradamente claras en decirnos que “tendremos tribulaciones… y muchas” antes de estar en la presencia de nuestro Dios (Hechos 14:22 y 2ª Corintios 4:8-9), y què, solamente los que perseveren hasta el fin entraràn (Apocalipsis 2-3).

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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