Se aprende de los testimonios más que de la palabra.
Una mujer muy amada por propios y extraños (nuestra
bisabuela Sofìa) nos enseñò: “Inteligente, es el que aprende de sus errores;
pero sabio el que aprende de los errores de los demás”, y ella lo hizo toda la
vida, y su testimonio nos enseñò más que las palabras. La palabra de Dios dice:
“No robaràs” (Éxodo 20:15), y uno de los discípulos de Cristo, salìa enviado
por él a predicar su palabra pero no ha practicarla pues era ladròn (Lucas
10:3), y eso hizo que nadie le siguiera, es más, él mismo se perdiò. Cuando
estudiamos la palabra de Dios debemos entender algo, nuestras palabras al ser
predicadas pueden ser muy sabias, muy elocuentes y hasta muy certeras… pero si
no nos ven practicarlas dejaràn de ser didácticas para todos. Nuestro
testimonio tiene que gritar más que nuestras palabras decía un gran predicador,
Charles Spurgeon.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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