Y entonces… eligieron a uno.

 


 

Judas vende a su Señor, le entrega con un beso y recibe sus 30 monedas de plata, pero, su mente y corazón no reposan pues acaba de traicionar a quien solamente le diò amor, entonces decide mejor quitarse la vida (Mateo 27:5). Así, el grupo de 12 discìpulos que el Señor había formado quedó incompleto, entonces los otros 11 piensan en ordenar a alguien para sustituirlo, pero ese alguien no podía ser uno cualquiera. Tenìa que haber sido alguien què, caminando con el Señor hubiera dado “buen testimonio” de fidelidad, servicio, obediente, sumiso, que fuera capaz de dar su vida por la causa, no otro que a las primeras de cambio o por intereses ocultos dejara el cargo, en fìn, alguien que fuera, repetimos, de “buen testimonio” y que hubiera sido testigo de todo. Entonces el Espìritu Santo recayó en Matias (Hechos 21:22). Si no somos testigos y buenos testimonios el Espìritu Santo jamás recaerà sobre nosotros para que vayamos y seamos predicadores eficaces.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Copiando al mejor.

Las ¿Insolencias o grocerìas? de Jesús (Parte final).

Cuarenta años de culpa