Era la casa de mi Padre… no cueva de ladrones. (Parte uno).
Desde el principio de los tiempos se nos muestra que la
maldad, la rebeldìa y la desobediencia están arraigados en el corazón humano
(Gènesis 3:6). Si alguien conocía èste problema del ser humano era su Creador,
por ello, a medio camino de èsta humanidad, envìa a un profeta para explicarnos
que el Pacto que había hecho en su nombre y por su nombre con el padre de la
nación Hebrea, Abraham, (Gènesis 15:9-18) de dar leyes escritas en tablas,
sería cambiado por uno Nuevo.
Solamente que èste, ahora sería escrito en los corazones tiernos
de todos aquellos hombres que le siguieran y no en rùsticas tablas de piedra.
Así, el profeta Jerremìas nos explica: “En aquèl tiempo, dice Jehovà, yo serè
por Dios a todas las familias de Israel, y ellas me serán por pueblo” (Jeremìas
31:1), y cierra diciéndonos: “Nuevo Pacto harè con la casa de Israel y con la
casa de Judà…No como el Pacto que hice con vuestros padres, porque ellos
invalidaron el Pacto… Pero con èste Pacto darè mi ley en su mente, y la
escribirè en sus corazones, y yo serè a ellos por Dios, y ellos me serán por
pueblo…. Y NO enseñarà MÀS ninguno a su pròjimo, ni ninguno a su hermano, diciendo
CONOCE a Jehovà, porque me conocerán y perdonarè la maldad de ellos, y no me
acordarè de su pecado” (Jeremìas 31:31-34). Selah.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa
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