La suciedad y la limpieza.

 


A ninguna persona con cierto nivel de educación y buena crianza le gusta vivir entre la suciedad, el desorden y el caos. No es grato tampoco, entrar a una vivienda y sentir malos olores, del baño, de la cocina, por animalitos dentro de casa, o encontrar todo sucio y como en estado de abandono. Espiritualmente nos sucede lo mismo, cuando se está con suciedad y desorden en el alma y el espíritu, la gente no desea estar con nosotros, ni nosotros queremos estar con alguien así. La escritura nos muestra que la limpieza espiritual (literalmente) tiene que ser parte de nuestra vida para agradar a Dios. Los sacerdotes no podían estar sucios delante de Dios porque hasta podían morir físicamente (2ª Crònicas 29:5). Un enfermo de lepra por ejemplo, no podía presentarse con su enfermedad ante los sacerdotes (Levìtico 14:2). Y finalmente el Espìritu de Dios sentencia: “Nada impuro entrarà al reino de los cielos” (Apocalipsis 21:27). Debièramos entender què: Fìsicamente la limpieza y el orden que nos rodea… refleja la limpieza y el orden espiritual con que vivimos, aunque en público “aparentemos” otra situaciòn. Selah.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

 

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