Más vale leproso sabio que sano tonto.
En un tiempo en el que había hambre en la ciudad de
Samaria, cuatro leprosos que vivìan fuera de la ciudad (2ª Reyes 7:3), en una
simple conversación que se convirtió en filosófica y salvadora, llegaron a la
conclusión que si entraban a la ciudad morirían de hambre, pero, que si se
quedaban fuera también morirían, entonces era mejor ir a otra ciudad y confiar
en que quizás encontrarìan sustento (2ª Reyes 7:4). Apocalipsis dice: “Porque
no eres ni frìo ni caliente, sino tibio te vomitarè de mi boca” (Apocalispsis
3:16). El Señor nos quiere ver hacer algo por calmar el hambre que tenemos, ya
sea èsta, espiritual o material. No podemos hincarnos todo el día y orar
esperando que la comida llegue, insistimos, sea èsta material o espiritual. El
desea que hagamos eso (orar) pero que también trabajemos, ya lo afirmó el
apóstol Pablo (2ª. Tesalonicenses 3:10). Es mejor ser leproso sabio que un sano
tonto. Dios dijo: “Vivirèis del sudor de tu frente… no del sudor del que tienes
enfrente” (Gènesis 3:17). Meditemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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