No están muertos...duermen.
Cuando alguien deja de existir en èste mundo decimos:
Falleciò fulano. Para el ser humano la muerte es el final de todo, al menos eso
creemos hasta que entendemos los planes de Dios: “Es necesario que el hombre
viva y muera una sola vez, y luego de eso, el juicio” (Romanos 9:27). De
Abraham dice Dios: “Y murió Abraham… y fue unido a su pueblo” (Gènesis 25:8). De
Jacob dice: “Y cuando terminò de dar mandamientos a sus hijos expirò… y fue reunido
con sus padres” (Gènesis 49:33). El rey David en sus postreros días declarò:
“Morir, es el camino que llevamos todos” (1ª de Reyes 2:2). Nosotros los
creyentes tenemos que entender: “Cuando alguien deja èste mundo, no muere, sino
entra a otra dimensión de vida”. Y cuando un hombre o una mujer han amado a
Dios con toda su alma y con todo su ser, porque han aceptado la sangre del
sacrificio de Cristo como suficiente paga por sus pecados… entonces no muere,
simplemente va a casa primero que los demás; se une a su pueblo y se reúne con
sus padres… y por supuesto con SU Padre (1ª Tesalonicenses 2:13). Amèn.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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