Era la casa de mi Padre… no cueva de ladrones. (Parte final).
Finalmente queremos recordar lo que en otras ocasiones se
ha escrito, cuando Cristo vino “no vino a fundar una iglesia” de piedras ni
mucho menos de piedras preciosas. No vino a fundar “una nueva sinagoga”. Vino a
predicar “en la entrada de los cementerios” (Lucas 7:11-18). “En los montes”
(Mateo 5 al 7). Y “en casas particulares” (Lucas 5:19). NO escogiò a sus
seguidores de ningún templo ni de ninguna sinagoga sino en el campo de trabajo
(Marcos 1:16-17). Cuando el Espìritu Santo descendió de los cielos para llenar
el espíritu de los hombres “casualmente” ninguno de los que estaban en el
templo, ni en la casa del sanedrín (los sabios entre los religiosos), ni en las
sinagogas lo recibieron.
Únicamente lo recibieron los que estaban en el aposento
alto, en una “casa particular”. ¡Què más pruebas necesitamos tener! Y, finalmente vemos: “Què quien quite o
agregue algo a la palabra de Dios… será desechado” (Deuteronomio 4:2 y
Apocalipsis 22:19). Pregunta final: ¿Si Jehovà decretò en Jeremìas 31 que haría
un Pacto Nuevo con su pueblo (y que antiguo dejaría de estar vigente por caduco
Hebreos 8:8-13), no están quitando a la palabra de Dios quienes quieren seguir
viviendo por ese Pacto antiguo, no dejando que sea Dios mismo quien nos enseñe
el camino, y sobre todo, cuando la gran mayoría lo hace por “motivos personales
ocultos” como lo hicieron los fariseos hace dos mil años, y por ello, fueron
desechados? ¿Por què insistimos en ser instruidos por pastores humanos
imperfectos, cuando el mismo Dios nos ofrece instruirnos directamente, acaso no
es eso desecharlo? Meditemos.
Nota: A muchos èste tipo de mensajes no les gusta, pero eso no lo hace falso.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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