Las apariencias.

 


 

Con cuànta facilidad nos confundimos en la calle con personas que parecen de clase social alta sólo por la ropa que visten , su auto, o su empleo. Personas a las cuales muchos llegamos a envidiar creyendo que tienen su vida resuelta. Bien dijo el sabio Salomòn: “Vanidad, todo en èsta vida es vanidad” (Eclesiastès 1:2). Más adelante también declara: “Vi siervos a caballo, y príncipes que andaban a pie” (Eclesiastès 10:7). Cuàntas personas andan por la calle sin verse fastuosas pero sin deber nada a nadie, por lo que viven más tranquilamente que quienes tienen de todo… pero lo deben. En otras palabras la escritura nos está exhortando a que vivamos sin apariencias, que nos conformemos con lo que el Señor nos permite tener o adquirir, pero que no nos enfrasquemos en esas torpes competencias con amigos, vecinos o parientes por tener lo último que salió al mercado, siendo algo que no necesitamos o que podemos sustituir con algo más sencillo.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Copiando al mejor.

Las ¿Insolencias o grocerìas? de Jesús (Parte final).

Cuarenta años de culpa