Ni pastor… ni perro ovejero.
Cuàntas veces nos han predicado la paràbola de la oveja
perdida (Lucas 15:4). Emotiva la escena en la cuál el pastor deja las 99 en el
corral y se va a buscar la perdida. ¿Pero alguna vez nos hemos puesto a pensar
que no solamente la fue a buscar porque la necesitaba, sino porque él sabìa que
la oveja perdida no tenía ni pastor… ni perro ovejero? El pastor carga su
cayado para defenderse, y las 99 se quedaron resguardadas con los perros
ovejeros, pero, la perdida no tenía ¡ninguna defensa! Eso nos pasa cuando nos apartamos de Dios (no
de la iglesia, y menos si èsta no tiene la doctrina de la cruz). Por ello,
Cristo como pastor, siempre está buscando a sus ovejas perdidas (Juan 10:1,4 y
11). Y cuando decimos ovejas perdidas no necesariamente son aquellas que se han
apartado, sino también nosotros que continuamente estamos cayendo en pecados,
debilidades y deficiencias... aún, cuando le buscamos día a dìa. Cuidèmonos de
no apartarnos ni del Pastor (Cristo)... ni de los perros ovejeros (los
verdaderos siervos del Señor, porque los hay, y los identificamos porque son
los que NO viven del evangelio sino para el evangelio).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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