El tiempo se termina.

 


Escribiò el sabio Salomòn: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora” (Eclesiastès 3:1). No importa cuàntos años tenga la persona, por ejemplo: Si es un joven de 30 años que vivirà solamente 40… cada día que pasa está “más” cerca de estar en la presencia de Dios, que un anciano que tiene 70… pero que vivirà hasta los 90. Aún así, lo que sucederà a ambos es que tarde o temprano pasaràn a otra vida, pero, lo que permanecerá son sus obras. Y llega el día en el cuàl todos entramos en al olvido, pero no lo que hicimos o dejamos de hacer recalcò Salomòn (Eclesiastès 9:5). ¿Un ejemplo?  ¿Conoce usted a William Griffith, a Robert Smith, o, a Mary Gavin?  !Casi seguro que NO!. Pues bien, ellos son el tìpico ejemplo del olvido como personas pero no sus obras, porque seguramente usted sì ha oìdo hablar de los “AA”, bueno, pues ellos fueron sus fundadores en 1935. Ellos pasaron y están en el casi olvido, pero su labor sigue haciendo buena obra. Lecciòn: Vivamos de tal manera que cuando el tiempo pase, y ya no estemos, nuestra labor siga haciendo buena obra. Selah.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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