Nada más tòxico que un profeta. (Parte uno).
Si escuchamos a los profesionales que se dedican a orientar
a la humanidad, notaremos un detalle bien importante que repiten: “Para estar
tranquilo: evite pensamientos, situaciones, o mejor aún, personas tòxicas”.
Esto ha sido desde siempre, quizás fue por ello què los profetas de Dios nunca
o casi nunca fueron escuchados, pues llamamos “toxicidad” la gran mayoría de
ocasiones a escuchar “la verdad”, o, a tener que escuchar “lo que no queremos
escuchar”. Veamos. Todo el mundo amamos la libertad, eso incluyó al pueblo de
Israel antiguo, con razón no escucharon al profeta Jeremìas, quien no solamente
profetizò “cautiverio” sino también “destrucción” (Jeremìas 28:14). Y, ¿Què fue
lo que sucedió en aquellos tiempos? A
pesar del disgusto de las gentes, por escuchar lo que “no querìan escuchar” por
no ser de su agrado… hubo cautiverio y destrucción. Entendamos: El problema no
está en que las personas “tòxicas” NO son bien recibidas. El problema está en
que decir una verdad siempre se considera “toxicidad”. Selah.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
Comentarios
Publicar un comentario