No importa el tiempo que pase… siempre llega el día. (Parte final)
Meditàbamos en el año 1900 antes de Cristo, cuando las
hijas de Lot lo embriagan y yacen con él, naciendo de ellas Moab y Amòn, dos
pueblos que, con el tiempo, reflejarìan el pecado que las hijas habían
cometido. Esa consecuencia no llega sino 1300 años después, pues en el libro de
Sofonìas vemos que por las “afrentas u ofensas” de los Moabitas; y por los
“denuestos o blasfemias” de los Amonitas, los Israelitas son afectados, y
Jehovà ofrece destrucción (Sofonìas 2:1-2). Tengamos mucho cuidado, porque
cuando pecamos, los castigos no vienen como nos decían antiguamente los
religiosos y nuestra madre: “La tierra se va a abrir y te tragarà”; “Del cielo
te caerà un rayo”, y nosotros pensábamos que como pecábamos y no sucedía nada
“inmediatamente” entonces no sucederìa “nunca”. ¡Mentira del enemigo!. Con el
ejemplo de Lot, sus hijas, y los pueblos que de ellas nacieron, podemos
entender que no importa el tiempo que pase… siempre el día llegarà. Se dice en
política que: “Nuestro pasado… siempre nos alcanza”. ¡Cuidèmonos! Selah.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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