Todo el tiempo.
Los seres humanos en general tendemos a irnos por uno de
dos caminos, el primero, creer que no “necesitamos” a Dios para salir adelante,
o, por el contrario, creer que no “somos” dignos que Dios pose sus ojos y oídos
sobre nosotros y nos conceda las peticiones que le hacemos. La palabra nos
muestra el camino a seguir, no importando nuestra condición, veamos lo que dice
el libro de Romanos, en el capítulo 10 y verso 21: “Todo el día extendí mis
manos a un pueblo rebelde y contumaz”. ¿Què nos quiere decir nuestro Padre con
esto? Pues simplemente que él está
deseoso que nos acerquemos a él. Muchas personas creemos en algún momento que
tenemos que ser santos y limpios para poder acercarnos a Dios, eso es una
mentira del enemigo, pues si eso fuera cierto ninguno podríamos ser salvos
nunca. Cristo mismo dijo durante su ministerio: “Los que están sanos no tienen
necesidad de médico, sino los enfermos” (y nosotros somos esos enfermos), y,
por si no entendimos el próximo verso dice: “No he venido a llamar a los
justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (y nosotros somos esos pecadores, Lucas
5:31-32). Nuestro Padre espera todo el tiempo por nosotros. Meditemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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