Sìgueme…
El evangelista lo narra así: “Jesús bajo de la barca y se
fue a su casa, pero, pasando enfrente al banco de los tributos vio a un hombre
y le dijo: Sìgueme. Y èste se levantò y le siguió (Mateo 9:1-9). Así de fácil.
Y ¿cómo podemos saber tan certeramente esa narración? Pues sencillamente porque
ese hombre fue quien escribió ese evangelio, Mateo. Realmente es impresionante
la mirada, el carisma, el sentimiento y la llenura que proyectaba el Cristo,
para què con una simple palabra, alguien que estaba en una situación
privilegiada… le siguiera sin más a un destino incierto. Esto nos deja al menos
dos lecciones, a saber: La primera es, no le siguió alguien que estaba en penas
y angustias como para que uno piense, claro, si va a dejar atrás suyo esa clase
de vida como para que no le siga. Por lo tanto, si yo no estoy conforme con la
vida que llevo entonces le sigo para mejorar sino no. Y, la segunda, que seguir
a Cristo paga mucho mejor (en lo espiritual) que tener una vida fructífera en
lo económico. Mateo luego de ser despreciado por ser un cobrador de tributos
romanos a sus propios hermanos judíos, fue amado y es apreciado aún hoy en dìa.
Meditemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
Comentarios
Publicar un comentario