El día que todo cambió. (Parte uno)

 


 

El niño había nacido lisiado de sus pies, sin embargo, no era la única tragedia que le esperaba en la vida, pues en un mismo día su abuelo y su padre morirìan, y, por si fuera poca cosa la criada que estaba encargada de cuidarlo, lo toma, y en las carreras de salvarle la vida lo deja caer y queda cojo. Estamos hablado de Mefiboset, hijo de Jonatàn y nieto del rey Saùl (2ª Samuel 4:1-4). Pero a pesar de tantos desagrados, habrìan también cambios positivos en su vida, así como el día que el Rey David venció a los filisteos y en gratitud, preguntò si había algún sobreviviente de la casa de Saùl para bendecirlo. Es así, como Mefiboset termina sus días en el palacio del rey (2ª Samuel 9). Esto nos debe animar, todos nosotros hemos caminado en la vida con muchas deficiencias, rencos, cojos, mancos, inútiles, pero, Dios tiene, espiritualmente, algo más reservado para nosotros, vivir en la casa del Rey y sentarnos a su mesa (Apocalipsis 3:20). ¡Lo mejor está por venir, sì, pero, tenemos que entender que es espiritual NO material necesariamente!

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.    

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