El prejuicio.
Llamamos así a una idea pre-concebida que hacemos de algo o
de alguien, y que, generalmente, es en sentido negativo. En una ocasión Cristo
“coincide” con un ciego de nacimiento y surge la pregunta: ¿Maestro, quién
pecò, èste o sus padres?. Esto debido a la declaración de Dios, que si no oìmos
su vos y no la obedecemos, entonces muchos males vendrán sobre nosotros
(Deuteronomio 28: 15-68). Esa es la razón por què quienes formulan la pregunta
“preconciben” que èste hombre está así por un pecado propio o de sus padres.
Pero lo curioso del caso es que quienes formulan la pregunta son los propios discípulos
del Señor (Juan 9:1-2). ¿Què lección sacamos de èste pasaje?. Entre otras, que
la religión o el estricto apego a las leyes y normas establecidas, nos pueden
llevar al “legalismo” de juzgar situaciones a la ligera. Salomòn, inspirado por
el Espìritu Santo nos enseña: “No seas demasiado justo, por què has de
destruirte” (Eclesiastès 7:15-17). Las normas y reglas que Dios nos diò hay que
cumplirlas, pero, si no “entendemos” que tienen excepciones (los milagros en
sábado del Señor, son un claro ejemplo) estaremos perdidos.
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