No se inquiete a los gentiles que se convierten (Parte uno).
El término “gentil” lo utilizó Cristo para definir a toda
persona que no era del linaje de Abraham, o sea, que no había nacido en Israel
o que no tenía sangre judía. Con èsta premisa en mente, ahora analizamos cómo
inició la Iglesia de Cristo bajo los fundamentos que él mismo dejó, “no la que
los hombres hemos hecho de ella”. Cristo elige a doce “judíos” para instruirlos
y que lleven la palabra de las buenas nuevas a “judíos” residentes en Israel
(Mateo 10:1-4 y 5). Pero, tiempo después de su partida tiene una aparición o
epifanìa a Saulo de Tarso, a quien la historia había de conocer como el apóstol
Pablo (Hechos 9:1-15). El apóstol Pablo, fariseo erudito en la ley de Moisès
(él mismo lo explica en Filipenses 3), luego de su conversión pasa tres años en
preparación otra vez, solamente que ahora ya no en la ley de Moisès la cuál ya conocía,
sino en las buenas nuevas del “evangelio de Jesucristo” (Gàlatas 1:18). Como
coloquialmente decimos hoy: “en otro rollo”.
Señor; Danos un honesto celo por tu casa.
Comentarios
Publicar un comentario