Cuidemos nuestro testimonio.
Todos, creyentes y no creyentes tenemos defectos y
cometemos errores, pero aunque para otros parezca hipocresìa, tenemos la
obligación de cubrirlos y “especialmente” de dejarlos de cometer. Esa es la
lucha del creyente (1ª Timoteo 6:12). Y, esa lucha será la que nos vaya dando
un buen testimonio, de tal manera que logremos que las personas confíen en
nosotros, especialmente como guìas o ejemplos. Es lastimoso, que muchos que estamos
en el liderazgo, como sucedió en tiempos de la iglesia primitiva, no estemos en
esas condiciones òptimas. Miremos el ejemplo tan claro que nos narra el apóstol
Pablo en la epìstola a los creyentes en Galacia: “A mì, los que tenían
reputación (personas que se supone son respetables) NADA nuevo me comunicaron
(Gàlatas 2:6). Repetimos, què tristeza que alguien acuda a nosotros, una
persona que se supone tiene “buena reputación”, y de la cuál se vayan vacíos.
El Señor nos de la gracia para obtener sabiduría de él, ser y dar ejemplo, y si
nos buscan dar el consejo que viene de Dios y no del corazón humano. Meditemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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