El problema no era el pueblo, eran los religiosos.

 


 

Cuando Cristo caminò entre los hombres para traer SU doctrina, SU evangelio, una doctrina y un evangelio que le había sido dado no por hombre alguno sino directamente de Dios Padre (Juan 7:16), no fue bien recibo en èste mundo por los religiosos (Mateo 12:24), pero sì por el pueblo (Mateo 14:21). Es quizás por esa negativa de los religiosos de recibir a Cristo, que cuando resucitò ya en gloria nunca quiso visitar el templo, ni las sinagogas, ni se le apareció a religioso alguno, sino solamente a quienes le recibieron, estuvieran estos en el campo (Lucas 24:13); en el mar (Juan 21:1); en sus casas o en el aposento alto (Juan 20:26). Dios Padre sabìa que su Hijo no iba a ser bien recibido por un pueblo “religioso” pero sì por un pueblo “necesitado” (Ezequiel 34:1-12 y Juan 1:11). Por ello fue què Cristo dijo: “También tengo otro rebaño que no es de èste redil” (Juan 10:16). Ese redil, esas otras ovejas, son los judíos NO religiosos y somos nosotros los “gentiles”.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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