Generalmente no es creìble.
La sociedad laica en general ha determinado ciertas normas
de vida, ya no digamos la sociedad religiosa, quien hace “girar y obliga” vivir
la vida de todos “alrededor” de dichas normas. Y, cuando alguien las rompe,
entonces entra en la categoría de necio, de orgulloso, de engreido, o peor aún…
de rebelde. Bueno, pues dentro de èste cìrculo religioso, hace dos mil años
vino alguien que no respetò el día de reposo (Lucas 10:10-13); no se lavaba las
manos para comer (Mateo 15:2); se sentaba a la mesa a comer con prostitutas y
pecadores (Marcos 2:16); es más, su falta más grave era decir que era el Hijo
de Dios (Juan 5:19). Pues bien, ese personaje que vino a romper todos los
“paradigmas, costumbres, ritos, tradiciones y normas de la época, era nada más
ni nada menos que un “llanero solitario” llamado Cristo el Hijo de Dios.
Profetizado por siglos, y anunciado en ese momento por su pregonero de
justicia, Juan el Bautista (Malaquìas 4:1 y Juan 1:20 con 1:23). Hoy,
nuevamente hay pregoneros de justicia que ya están predicando en contra de las
normas “religiosas” establecidas, y, otra vez, como hace dos mil años…
generalmente no son ni serán “aceptos y creíbles” aunque vengan enviados por
Dios.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa
Comentarios
Publicar un comentario