Gènesis de una relación. (Parte cinco)
Martìn Lutero, al separarse de la llamada Iglesia decíamos,
comete un error tan garrafal como el que se cometió con Constantino y las
imágenes…se trae consigo la “liturgia” de esa congregación (conjunto de
prácticas de una ceremonia religiosa). Una liturgia que ni Cristo, ni los
apóstoles, ni sus seguidores por los primeros 300 años practicaron. Pues NUNCA
ellos tuvieron en sus reuniones: tiempo de adoraciòn; tiempo de cànticos (solamente
una vez se menciona que cantaron, y es específica la mención: “EL” himno (Mateo
26:30 y Marcos 14:26); ni tiempo de preparación de reuniones extra-espirituales;
mucho menos fue NUNCA el tema central de sus reuniones el “dinero” (Hechos
8:20). Además, Lutero y sus seguidores, continúan con el tema de construir
templos en lugar de reuniones en “casa o en cualquier lugar” como lo hizo
Cristo. Desvirtuando lo que la escritura es muy clara en señalar: NOSOTROS
somos el templo del Espìritu Santo y adoramos en Espìritu y verdad y en “cualquier”
parte (1ª Corintios 3:16 y Mateo 6:6). Por lo que las llamadas “iglesias o
congregaciones” vienen a desvirtuar lo que Cristo había construido, y, la mejor
prueba de ello es el resultado “nefasto” que hoy vemos: ¡Muchas menos personas
acercándose a Dios, sobre todo, por el mal testimonio que se recibe del
liderazgo! Y, sobre todo, cuando las hacemos sentir pecadoras o extrañas porque
no se congregan “como” nosotros lo hacemos, o peor aún, “en donde” nosotros lo
hacemos! Meditemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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