Gènesis de una relación. (Parte cuatro)
Cuando Constantino se convierte al cristianismo, obliga por
“decreto” a todo ciudadano a convertirse al “cristianismo” (nótese que NO los
obligò a ninguna denominación sino al “cristianismo”, Edicto de Milàn 313),
siempre al estilo del gobierno romano: “quien no lo hiciera padecerìa la pena
de muerte” (pues un Decreto era un mandato imperial). Tomemos nota que en èste
punto TODO creyente está disperso, en otras palabras NO hay templos, sinagogas,
iglesias o congregaciones como tales POR 300 AÑOS ni en Jerusalèn, ni en Israel,
ni en ninguna parte del mundo NI MUCHO MENOS REPRESENTANTES LEGALES U OFICIALES
DE LA MISMA, pues todo creyente está obligado a buscar su relación con Dios “secretamente”.
En ese sentido, en su momento y por dicho motivo, todos “dicen” ser convertidos
o creyentes pero muchos lo hacen sólo por conveniencia para evitar ser
perseguidos, trayendo consigo todos sus ídolos (pues venían de diversas
religiones y creencias). Es allí cuando nacen las “imágenes” en la llamada
iglesia (situación prohibida por Dios, Éxodo 20:4). Cuando Martìn Lutero es
obligado a salir de dicha congregaciòn por la “rebeldìa” de leer las escrituras
(Bula Papal de Leon X, de 1521), comete un error tan grave como el de los
tiempos de Constantino con las imágenes. Error que también veremos y que
lamentablemente se sigue cometiendo.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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