Hombres neófitos… hombres peligrosos.
El apóstol Pablo recomienda a Timoteo: “Si alguien desea
obispado (liderazgo), buena obra desea, PERO, es necesario que no sea NEÒFITO (persona
que se ha adherido recientemente a una causa)”. Y, da la razón: “No sea que
envaneciéndose caiga en la condenaciòn del diablo” (1ª Timoteo 3:6 e Isaìas
14:12). Seguir a Cristo es lo mejor que un ser humano puede hacer (Juan
3:16-19). Y, ya, en el camino, es precioso y admirable que quiera dedicar su
vida al servicio del Señor, pues el apóstol nos lo dice: “Si alguno anhela
obispado… buena obra desea” (1ª Timoteo 3:1). Sin embargo, ¿cómo alguien que no
conoce un destino, puede ser guía de otro u otros para llevarlos a ese destino?
El ministerio es un servicio hermoso a
Dios y a las personas, pero tenemos que estar en él no por caprichos personales,
necesidad de llenar la vacante de un liderazgo, o peor aún, para cubrir la
necesidad económica de una persona o familia. Tiene que haber preparación,
llamamiento, pruebas, aprobación y ungimiento para poder ejércelo, el mejor
ejemplo quizás lo sea el mismo apóstol Pablo (Hechos 9:15-18). Otra clase de
personas en el ministerio son un peligro por la falta de capacidad o integridad
(Hechos 8:20-22).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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