Un Mesìas de carne. (Parte uno)
La expresión: “Hijo de hombre” para un judío es sinónimo de
Mesìas. Pues se les había ofrecido y profetizado: “Y saldrá una vara del tronco
de ISAÌ, y un vàstago retoñarà de sus raíces” (Isaìas 11:1). Y a DAVID se le
dijo: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantarè
después de tì a uno de TU linaje, el cual procederà de tus entrañas, y afirmarà
su reino” (2ª Samuel 7:12). Luego de la muerte de David, el reino de Israel se
dividió en dos partes: El reino del Norte con capital en Samaria; y el reino del
sur con capital en Jerusalèn en el cual solamente reinaron “descendientes” de
David (Salomòn, Abdìas, Asa, Josafat, etc. hasta Sedequias, en la deportación a
Babilonia 2ª, Reyes 24:17). Pero, lamentablemente cuando el pueblo regresó del
cautiverio babilònico, ningún hijo o descendiente de David tomó el trono, es
por ello, que los judíos están esperando una PROMESA que incluya a un hijo de
sangre de DAVID, en otras palabras a un “Mesìas varón, que sea de carne y hueso”.
No esperan a un Hijo de Dios espiritual o celestial como lo prometió Cristo, ni
mucho menos que descienda de los cielos (Mateo 25:31 y 1ª Tesalonicenses 4:16).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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