Ya sucedió… ojalà hayamos aprendido algo.
Siglo 1 después de Cristo, el imperio Romano destruye a
Jerusalèn y a todo vestigio de lo que es el cristianismo allí (seguidores de
Cristo, Hechos 11:26). NADIE podía congregarse en el nombre de Cristo porque
era asesinado, lo que llevó a TODO creyente a reunirse en casas, cuevas, o
catacumbas, en otras palabras, en todo lugar pero “escondidos” (Juan 4:21). Año
2020 despuès de Cristo, bajo el temor de una pandemia que podía quitarnos la
vida, las llamadas iglesias son cerradas en todo el mundo. Nadie que se llamara
cristiano pudo reunirse allì, repetimos, por miedo a perder la libertad por
irse detenido en desobediencia a la autoridad, o, perder la vida por un
supuesto contagio mortal. En otro sentido, las escrituras nos profetizan una
persecusiòn a muerte dentro de lo que conocemos como los últimos días
(Apocalipsis 12:9 y 17, Mateo 24:9; Marcos 13:19 y Lucas 21:21-24). La pregunta
es: ¿Hemos aprendido ya, a adorar, alabar y buscar a nuestro Dios nosotros
solos, sin nodrizas, sin tutores, sin alguien que nos diga cómo hacerlo, cuando
hacerlo, en dónde hacerlo, y sobre todo, para què hacerlo? Meditemos. Ya
sucidiò… ojalà hayamos aprendido.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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