Corazones habituados a la codicia.

 


 

El apóstol Pedro, en su segunda epìstola en el capítulo 2 nos habla de: Aquellos falsos maestros que introducen encubiertamente “herejías destructoras” en el pueblo de Dios (2ª Pedro 2:1). ¿Còmo sabemos identificarlos, es más, cómo sabemos si no somos uno de ellos? Las mismas escrituras nos enseñan la forma. Cristo nos dice que toda doctrina debe estar respaldada al menos por la Ley de Moisès, los Profetas, y los Salmos (Lucas 24:44). Por lo tanto, cada vez que nos enseñan o enseñamos algo y no lo podemos probar o respaldar en esos tres lugares, es muy posible que no sea doctrina de Dios sino de hombre (la cuál ya implica otras intenciones). Otra prueba más, alguien que no está enseñando doctrinas divinas no puede ocultar su “avaricia” por el dinero, lo posea o peor aún si no lo posee (2ª Pedro 2:3). Son personas que consideran “mudas mulas de carga” a quienes reprenden sus intenciones (2ª Pedro 2:16). En otro sentido, el Señor en su misericordia da muestras de consuelo: Uno, “Dios librò al justo Lot en su momento” (2ª. Pedro 2:7), y dos, “Dios sabe librar a los piadosos” (2ª. Pedro 2:9). El Espìritu Santo nos auxilie para evitar a mercaderes de palabras fingidas, pero especialmente “nos libre de llegar a ser uno de ellos” (2ª. Pedro 2:3). Meditemos.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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