Cuando muere la tormenta.

 


 

La escritura nos habla de tormentas espirituales en la vida, es más, Cristo nos advirtió a sus seguidores de las tales, pero, también de tormentas físicas (Juan 16:33). Hoy nos concentraremos en dos o tres de ellas y sus consecuencias. Noè, un hombre justo y temeroso delante de los ojos de Dios, viviò en un mundo en el que la corrupción y la maldad del hombre se volvieron extremas (Gènesis 6:5), el Señor envió, en su tiempo, la tormenta más grande que ha habido sobre la tierra, el resultado: Todo el mundo pereciò en las aguas menos Noè y su familia. Jonàs, un profeta llamado a profetizar la destrucción de Nìnive, que se indignò contra Dios huye yèndose a Tarsis provocando una gran tormenta (1:3), resultado: Hacer pagar un precio muy alto a quienes le rodeaban (Jonàs 1:5). Sin embargo, vemos una tormenta en la cuál Cristo está involucrado juntamente con sus apóstoles, y como resultado nos dice la escritura que tras ella hubo una gran calma (Mateo 4:35-39). En conclusión: Cuando muere la tormenta, no es lo mismo haberla pasado nosotros solos, que tomados de la mano y confiando en Dios.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

 

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