El ministerio del profeta.
Encontramos a un Isàias, anunciando al Mesìas que había de
salvar a su pueblo de la esclavitud del pecado (Isaìas 53 y 54 completos). A un
Ezequiel, denunciando las atrocidades de gobernantes, reyes, y pastores que
llevaron a la debacle al pueblo de Israel (Ezequiel 34:2,3,4,6,8). A un
Jeremìas, llamado el profeta lloròn por los lamentos sobre su pueblo, y quien pasara
23 años profetizando acerca del cautiverio de Babilonia sin ser creìdo (Jeremìas
25). Además de ellos encontramos a un Daniel, el único profeta al cuál Dios
mostrara el plan completo acerca de la historia de la humanidad, explicándonos
precisamente ese proceso (Daniel, capìtulos 9-12). Pero tristemente no fueron
apreciados en Israel. Hoy, también el Señor nos ha mandado atalayas o profetas,
y nuevamente no son muy populares, pues las profecías “verdaderas” se refieren
al señalamiento de NO predicar la salvación y la santificación como lo hizo
Isaìas; al cumplimento de otro cautiverio como el de Jeremìas; y a la debacle
de la humanidad como lo dijeron Ezequiel y Daniel. Todos queremos por el
contrario la venida de nuestro Señor… pero sin pagar el precio, sino muchos, muy
lamentablemente, más bien cobrándolo (2ª Pedro 2:3).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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