No menospreciemos a los profetas.

 


Un problema serio que tuvo el pueblo de Israel en el pasado, fue que menospreciaron a los hombres de fe que Dios les envió para avisarles lo que sucederìa pronto o en un futuro (Jeremìas 6:17). Jeremìas pasó 23 años anunciando el cautiverio en Babilonia, pero no fue escuchado (Jeremìas 25:1-4), y ¿cuál fue el resultado? Que la palabra se cumplió y muchos sufrieron las consecuencias de 70 años de cautiverio. Hoy, el Señor nos está enviando profetas (quizás no tan santos como los antiguos) pero que nos están haciendo ver las señales de un fin inminente (guerras, rumores de guerras, hambres, pestes, terremotos, falsos lìderes que se creen ungidos de Dios, etc.), y ¿Què estamos haciendo nosotros con toda esa información? Otra vez la estamos ignorando. Muchos dicen: ¡Desde que soy niño escucho lo mismo y no sucede nada!; ¡Cada vez que algo fuera de lo normal sucede nos meten miedo con el fin del mundo!; ¡Nos quieren engañar con miedo cuando lo que necesitamos es ser positivos!, etc. Pero, Cristo dijo: “Como en los tiempos de Noè, viajaban, se casaban, compraban y vendìan… HASTA que ya fue muy tarde” (Mateo 24:37-39). ¡No menospreciemos a los profetas… no sea que se nos haga tarde!

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.  

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