Si alguno quiere ministrar.

 


Es muy común que quien inicia o se mete de lleno en los asuntos del Señor en algún momento quiera dedicarse a predicar la palabra de Dios. Dice la escritura que esa intención es buena, el Apòstol Pablo se lo hace saber de èsta forma a Timoteo: “Predica la palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción” (2ª Timoteo 4:2). Sin embargo, otro Apòstol, Pedro, nos instruye acerca de cómo debemos ministrar si recibimos de Dios la autorización para hacerlo: “Si alguien ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenece la gloria y el imperio” (1ª Pedro 4:11). Pero el mismo Cordero a quien pertenece esa gloria y ese imperio nos exhorta diciendo: “De gracia recibisteis… dad de gracia”, es decir por amor no por intereses ocultos (Mateo 10:8). En una ocasión un mago y adivino que viò las obras del Espìritu Santo, quiso “comprarlas” a los discípulos, las lapidarias palabras de ellos fueron: “Tu dinero perezca contigo”, no prediquemos el evangelio de amor… por dinero, o pereceremos con él (Hechos 8:20). Selah.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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