El problema es que no hemos entendido.
“No haréis como hacen en la tierra de Egipto (que
representa al mundo), en la cuál morasteis; ni haréis como hacen en la tierra
de Canaàn, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos” (Levìtico
18:2). Es increíble la cantidad de personas creyentes que exigimos estas normas
a personas no creyentes, cuando muchas veces no sólo no las cumplimos nosotros
(como los fariseos lo hacían Mateo 23) sino además, olvidamos que Dios fue muy
claro al decir: “MOISÈS, HABLA A LOS HIJOS DE ISRAEL, Y DILES: JEHOVÀ VUESTRO
DIOS DICE” (Levìtico 18:2). No hemos entendido que las leyes de Dios son
“solamente” para los hijos de Dios. De la misma manera que no puede el gobierno
de Alemania exigir que se cumplan sus leyes en Inglaterra; ni Inglaterra exigir
que se cumplan sus leyes en Alemania por poner un ejemplo. Nadie puede exigirle
a alguien que NO conoce a Dios, y, que por lo tanto NO es parte de su pueblo,
que cumpla con las normas de Dios para SU pueblo. PERO, tampoco puede apoyar o
respaldar las acciones de quien no es un creyente, pues trae maldición eterna
(Mateo 25:41). ¿Por què será tan difícil de entender siendo tan sencillo?
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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