El resentimiento.

 


El diccionario define como una persona resentida, a todo aquèl que mantiene un enfado con aquella persona a la cual considera la “causante” de sus daños u ofensas. El resentimiento solamente saca a luz la falta de madurez y conocimiento que tengamos en el Señor (Mateo 5:39). Un antìdoto bìblico (pero para ello hemos de conocer al Señor primero), es la “gratitud” en todo por cuanto vivimos, pasamos o experimentamos. El apóstol lo dijo así: “Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús” (1ª Tesalonicenses 5:16-18). El resentimiento algunos lo mostramos abiertamente, otros lo ocultan en ironías y sarcasmos, pero a todos nos hace daño, y lastimosamente los últimos en darnos cuenta somos nosotros mismos, los demás lo notan al instante. Según la ciencia, el resentimiento nos hace ser hostiles hacia la persona a la cuál consideramos la causante de nuestro daño, y lo mostramos con ira cuando alguien le menciona o estamos con la persona (Wilkipedia, causas del resentimiento). Clamemos a Dios, pues todos hemos sido ofendidos o menospreciados alguna vez, porque nos permita el perdón, el olvido y la paz. Meditemos.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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