La maldad irà en aumento.

 


Al principio de las escrituras leemos que Adàn y Eva tuvieron dos hijos, Caìn el mayor y Abel el menor (Gènesis 4:1-2). Caìn, en un arrebato de celos asesina a su hermano (Gènesis 4:8). Por ello, no solamente es separado de la familia sino recibe una maldición (Gènesis 4:11). Una maldición que no solamente lo cubriò a él, sino a sus generaciones, veamos: De Caìn, nacen entre sus descendientes Lamec, el primer hombre en tener dos matrimonios, que dicho sea de paso fue con dos mujeres: Ada y Sila (Gènesis 4:19), y un hombre que además era sumamente orgulloso, pues declaró: “Que si quien matara a Caìn, merecía morir siete veces; quien lo matara a él, merecerìa morir setenta veces” (Gènesis 4:24). Vemos èste fenòmeno nuevamente más adelante: Cam, el hijo de Noè que se burlò de su padre recibe una maldición (Gènesis 9:22 y 25), más tarde le nace entre sus generaciones Nimrod, hombre que llegó a ser poderoso por su avaricia (Gènesis 10:8), hombre fundador de Babel, una ciudad que disgustò en mucho a Dios pues de él vienen los Asirios, pueblo que sojuzgò al pueblo de Dios (Gènesis 10:11). Como vemos, la maldad siempre va en aumento, clamemos porque el Señor nos separe de ella.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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