Todos esperamos astutamente el momento adecuado.

 


 

Jesús está predicando en Galilea, al norte de Israel, pero baja al sur a Judea, a la otra orilla del Jordàn (Mateo 19:1). Estando allí nos enseña que el matrimonio es entre un hombre y una mujer (Mateo 19:4,8-9). Bendice a los niños (Mateo 19:13). Hace entristecer al joven rico que ama más sus riquezas que el servir a Dios (Mateo 19:20-21). Narra la paràbola de la viña y los labradores (Mateo 20:1-14). Al terminar de exponer estos temas, parte del Jordàn hacia Jerusalèn y estando allí… anuncia otra vez su muerte, solamente que ahora les hace ver que es “inminente” (Mateo 20:17-19). Es allí, cuando Marìa Salomè, esposa de Zebedeo y madre de Juan y Jacobo, llamado también Santiago, viendo que ya no hay tiempo, se decide a pedirle al Maestro que cuando venga en su reino ponga a uno de sus hijos a su derecha y al otro a su izquierda (Mateo 20:20-21). La respuesta la conocemos ya, la lección que tomaremos hoy es el hecho que todos en la vida somos iguales, esperamos “astutamente” el momento para pedir algo que queremos, pero, como dijo Jesús… si no bebemos su copa y no comemos su carne, entonces la petición no será respondida.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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