Al jefe… con humildad.

 


 

¿Què pensarìa usted si siendo el dueño de la empresa se le presenta un empleado y le “reclama” por algo; si le dice que él “decreta” algo; si el empleado “proclama” otra alternativa que no sea la que usted tiene planificada?  Lo vería como simplemente una falta de respeto, una irresponsabilidad o simplemente una insolencia. Bueno, pues muchos lìderes enseñan a sus ovejas a hacer eso con Dios. Dios tiene un plan para cada uno de nosotros (Efesios 1:1-6), pero nosotros ”acomodamos o queremos acomodar” esos planes a nuestra conveniencia. Usted no puede reclamar, decretar o proclamar que mañana saldrá el sol, eso ya está establecido, que las nubes nos permitan verlo o nò… eso ya son otros diez centavos. Nuestro papel como empleados de una empresa es hacer lo que se nos dice que tenemos què hacer, como hijos de Dios no es nada distinto. Dios es nuestro jefe, nuestro creador, nuestro planificador, él NO es nuestro empleado nosotros somos los de él. A él nos dirigimos con humildad… no con exigencias (Santiago 4:3). Meditemos.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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