Desde niño.
No había nacido, y lo tuvieron que llevar a esconder a
Egipto porque ya lo querìan matar (Mateo 2:13). Naciò, y otra vez tuvo que huir
porque lo querìan asesinar (Mateo 2:16). No habìa iniciado su ministerio y satanàs
intenta matarlo (Mateo 4:5-6). Inicia su ministerio y otra vez le quieren
asesinar (Lucas 4:29). Y, finalmente, cuando su ministerio había terminado, uno
de sus íntimos le traiciona y lo entrega a sus enemigos religiosos para que fuera
muerto por muerte de cruz. Esa fue la vida de nuestro Cristo (Mateo 26:14-15).
Antes de ser cautivo y de ser aniquilado nos había dejado
estas palabras: “Estas cosas os he
hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero
confiad, yo he vencido al mundo” (Mateo 16:33). Preguntamos: ¿No vemos acaso
“coherente” que una persona que vivió lo que predicò, y encima nos advierte que
si lo seguimos tendremos que pasar lo mismo, nos está “advirtiendo con
consolaciòn” para que no nos decepcionemos?
O ¿Le tildaremos de negativo, de pesimista, de querernos amargar la
vida? Creemos, que si realmente le amamos y le seguimos más bien debiéramos de
estar agradecidos pues cerrò la advertencia con estas palabras: “MÀS NO TEMÀIS…
YO ESTARÈ CON VOSOTROS Y HE VENCIDO AL MUNDO” (mismo verso). No tildemos
tampoco de negativo o pesimista a quien es enviado a recordarnos estas frases.
Nuestro Cristo, desde niño sufrió.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
Comentarios
Publicar un comentario