El Joker.

 


 

Existe un juego de mesa llamado “Bajara de cartas”, cada una de ellas tiene un “valor” las marcadas con un número ese es precisamente su valor y van del dos al diez; pero, también hay unas marcadas con letras, y su valor es para la “J”, once; para la “Q”, doce; para la “K”, trece; hay una “A” también llamada “As” cuyo valor puede ser uno o catorce. Se reparten cinco cartas a cada jugador para que “forme” su juego. El juego consiste en formar parejas, triples o escaleras, el mejor juego que le puede salir a alguien es escalera en flor o también cuatro catorces o sea cuatro Ases. Sin embargo, también hay una carta marcada con un “arlequín” llamada “Joker” quien la posea, tiene la mayor posibilidad de formar el mejor juego y por supuesto ganar lo que se llama “la mesa”. Dios nos ha dicho que a todos nosotros nos ha repartido “dones” (Romanos 12:6). La vida se trata de utilizar esos dones de la mejor manera, como lo hace un jugador en las barajas. La diferencia con el juego es que en la vida espiritual nuestra lucha debiera ser por beneficiar al otro y no a nosotros mismos (Filipenses 2:3-4). Y, para que no fallemos en el intento nos ha proporcionado un “Joker”, un Consolador, un Ayudador, el Espìritu Santo para que nos guìe a toda verdad y a todo bien (Juan 14:26).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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