El que está limpio no necesita lavarse.
Cristo está prácticamente despidiéndose de sus discípulos
ante la incredulidad y falta de entendimiento de estos acerca de los tiempos. Y
les dice, antes de lavarles los pies: “El que está lavado, no necesita sino
lavarse los pies” (Juan 13:10). Hay un acontecimiento, muy desagradable por
cierto, que se comete en las congregaciones rutinariamente, y es, el hecho que
cuando un miembro no llega el día del servicio, luego arremeten contra él: ¿Por
qué no asististe?. Es más, lo hacen sentir culpable o necesitado al decirle:
“Te perdiste un mensaje precioso” “Làstima que no veniste, estuvo espectacular”
o peor aún, la sentencia “Estàs caìdo hermano”. En otras palabras, cuando el
miembro asiste el mensaje es sencillo, de rutina, no enseña mayores lecciones,
pero todo es que el miembro falte y entonces sucede lo antes descrito. Cristo,
el Hijo de Dios, el verdaderamente Ungido dijo: “El que está lavado (esto por
su sangre al haberlo aceptado como su suficiente Salvador, Juan 3:16-19), ¡YA
ESTÀ LIMPIO! Solamente necesita lavarse los pies. ¿Cuàl es el motivo de hacer
sentir culpable a alguien solamente por una inasistencia a UN servicio, cuando
ni siquiera averiguamos el motivo? Meditemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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