La paz y la guerra.

 


 

Cuando usted está en la costa con un vaso de refresco a la orilla de una piscina o del mar, recostado en una mecedora que sabe que si cierra los ojos se duerme al acompañamiento del canto de diversos pájaros, usted sabe que está en paz o al menos en un tiempo de recogimiento en el cuál nada ni nadie le molesta. Pero de la misma manera cuando usted está en la oficina o su trabajo con llamadas telefónicas que no dejan de llegar una tras otra; cuando los acreedores llaman a la puerta todos los días exigiendo sus pagos de facturas; cuando tiene un enfermo en casa o usted mismo está enfermo… usted entiende que está en tiempo de guerra. En lo espiritual, lastimosamente NO es así, lo espiritual NO es tangible, lo espiritual nos es TAN desconocido y sutil, que muchas veces no nos damos cuenta que estamos en guerra sino hasta cuando el tema explota. Cristo dijo: “Mi paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da… NO se turbe vuestro corazòn” (Juan 14:27). Solamente buscando la paz que nos da el estar continuamente comunicados con el Señor, tendremos esa paz… pero entendamos también que no es una suerte de relàmpago que llega, sino toma su tiempo, y, en ocasiones mucho tiempo. Selah.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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