Queriendo curar SIN medicina.
Cuando hay una herida no es de nadie
desconocido que lo urgente es ver què tan seria es la misma. De esa cuenta al
paciente se le dan auxilios de emergencia, se le traslada a alguna clínica, o,
por el contrario se le ingresa a una sala de cuidados intensivos. Nos narra la
escritura que 700 años antes de Cristo aproximadamente, el pueblo de Israel
estaba herido seriamente, y muchos lìderes predicaban “con liviandan”: paz, paz
(Jeremìas 6:14). Pero hubo uno, ungido por el Espìritu de Dios (esa era la
pequeña diferencia), que predicaba: “Iremos a cautiverio a causa de la maldad
reinante” (Jeremìas 22:22-25). Luego le envìan a decir: “Ay de los pastores que
destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño” (Jeremìas 23:1).
Y cierra con la siguiente sentencia: “He aquí
que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice Jehovà” (Jeremìas 23:2). ¡Con
cuànta razón, el profeta no fue escuchado ni por el pueblo, ni por los lìderes
religiosos, y con cuànta razón el Espìritu de Dios le envìa a declarar: “Una
herida grave no se cura con liviandad! (Jeremìas 6:14). Hoy, que ya estamos
evidentemente en los últimos tiempos, muchos lìderes y profetas están
exactamente igual, anunciando una paz engañosa, una paz que está escrito NO
llegarà… están predicando y profetizando con liviandad cuando viene un gran
cautiverio sin esperanza para quienes NO tienen al Señor (1ª Tesalonicenses
5:3). Meditemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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