Que conste que iban todos.

 


Los discípulos (todos, pues no dice si sólo unos o sólo los otros) se dirigen en una barca hacia la ciudad de Gadara con Cristo abordo, de pronto se desata una tormenta y todos entran en pánico, mientras Cristo está plácidamente durmiendo. Pero la tormenta arrecia a tal grado, que los discípulos, experimentados y conocedores como lo son, entran en pánico y deciden despertarlo para que haga algo. Nos narra la historia que Cristo despierta, calma la tormenta, y todos entran en paz (Mateo 8). ¿Què nos enseña esto?  Pues al mostrarnos que todos los discípulos iban dentro de la barca, que no hay creyente que no haya pasado una tormenta, esas frases “motivadoras de vendedor de sueños” que nos dicen: “Venga a los pies de Cristo y todos sus problemas desapareceràn”; “Usted sólo tiene que declarar palabras positivas porque las palabras tienen poder”, etc. Son mentiras diabólicas que Dios ha permitido dentro de su iglesia para que quien no tenga que ser salvo no lo sea (Marcos 4:12). Esas frases motivadoras mentirosas son para “separar” el trigo de la cizaña que han crecido juntos todo el tiempo (Mateo 13).

 

Señor; Danos un honesto celo por tu casa.

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