Quien escudriña… es el Espìritu.
El ser humano es duro de corazón por nacimiento (Romanos
3:23). Sin embargo, nos engañamos a nosotros mismos cuando creemos que los
demás NO se dan cuenta de las intenciones de nuestro corazón. Nos expresamos
con ironías, con sarcasmos, con indirectas, con falsa inocencia… y pensamos que
NADIE se dará cuenta de lo que estamos haciendo, a quién nos referimos o cómo
nos sentimos. Lo más triste, es que en èste tema, también participamos muchos
de los que “nos decimos” creyentes. La escritura nos muestra dos o tres
detalles muy claros: “A Dios nadie le puede engañar o burlar” (Gàlatas 6:7).
“El Espìritu Santo es quien nos escudriña los corazones” (Romanos 8:27). “Has entendido desde lejos mis
pensamientos”. (Salmo 139:1-2). Y también nos dice: “Todo camino del hombre es recto en su
propia opinión, por lo tanto, él sì conoce las intenciones de nuestro actuar. También
nos dice: “Pero Jehovà pesa los corazones” (Proverbios 21:2), por lo que es él quien
da fruto a nuestro actuar. Entendamos nos engañamos a nosotros mismos y
podremos engañar a otros con sarcasmos, ironías y falsas inocencias… Pero a
Dios NO le engañamos nunca, porque es él quien escudriña los corazones (Gàlatas
6:7). Selah.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
Comentarios
Publicar un comentario