TODOS entraron.
Una prostituta, Marìa de Magdala o Magdalena como la
conocemos (Marcos 16:9); un ladròn de cuello blanco, Zaqueo (Lucas 19:8); un
mal hablado o blasfemo, Pedro (Mateo 26:74); un ladròn callejero, uno de los de
la crucifixión (Lucas 23:42-43); otro más no solamente era blasfemo (1ª Timoteo
1:13), sino también asesino (Hechos 8:1,3 y 9:1)… Y sin embargo TODOS entraron
al cielo. Y, como siempre hay neófitos o detractores que tergiversan lo que se
dice o escribe, explicamos el común denominador de TODOS estos personajes para
entrar al cielo a pesar de lo que habían hecho: SE ARREPINTIERON Y NO VOLVIERON
HACER LO QUE HACÌAN. ¡Ese es el requisito! NO podemos aceptar el sacrificio de Cristo
para ser salvos… y seguir practicando los pecados que acostumbrábamos (eso
sería religiosidad nada más). El requisito es el “arrepentimiento”, que dicho
sea de paso significa DAR UN GIRO Y NO VOLVER ATRÀS (Hechos 2:38). No importa
nuestro pecado… TODOS podemos entrar al cielo. Selah.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
Comentarios
Publicar un comentario