Y la palabra de Dios escaseaba.
Samuel era un jovencito
cuando ya recostado en su alcoba escucha que le llaman tres veces, se acerca a
su mentor Eli para preguntarle què es lo que desea, y èste se da cuenta que es
Dios quien le habla, y le dice: “Ve y escucha, y si te habla dile: Jehová, habla,
he aquí tu siervo escucha” (1ª Samuel 3:1-9). Pero antes se nos narra que la
situación era porque la palabra de Dios escaseaba y su làmpara estaba por
apagarse” (verso 1). ¿Què ocasionò que la palabra de Dios no fluyera y que la
luz del Señor estuviera por apartarse? La
escritura lo señala: los hijos de Elì estaban cometiendo atrocidades porque
eran impìos, y Elì, guardaba silencio ante los hechos (1ª Samuel 2:12). Hoy en
día, muchas congregaciones NO crecen o NO prosperan porque el líder “permite, o
peor aún, comete” atrocidades en la vida y aún dentro de la congregación. Vive,
por ejemplo, exhortando a las ovejas o a los lìderes a que “lleven” invitados
porque si no no habrá crecimiento en la congregación, cuando la congregación no
crece porque en él escasea la palabra de Dios, y la làmpara que brilla… es la
de él y NO la del Señor.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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