Blanco o negro, no hay grises.
En términos humanos
aceptamos medias tintas como decían los abuelos, en otras palabras, aceptamos
que las personas duden; que cambien de parecer; que hoy digan o hagan una cosa
y mañana cambien al otro extremo, etc. Pero, en términos espirituales para
Dios, las cosas o son blancas o son negras no acepta términos grises. Lo vemos
en Apocalipsis cuando dice: “Pero porque
eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de
mi boca” (Apocalipsis 3:16). Aquì, tibio es gris; frìo es negro y caliente es
blanco. Dios nos desea “ardientes” en sus asuntos, no a medias tintas. El mundo
acepta que un divorcio sea “una sana solución”; “una decisión inteligente dada
las circunstancias”; “lo más viable o sabio para el momento”, etc. (aunque como
en todo hay excepciones Mateo 5:32, Cristo mismo lo dijo). La
cuestión a los ojos de Dios es: ¿Si un matrimonio que inicia y termina hasta la
muerte de uno de los dos o de ambos? Es un “éxito”. Entonces TODO lo contrario
a eso, tiene que ser un “fracaso”. Con Dios algo es blanco o es negro; o es
frìo o es caliente, NO hay NI tibios NI grises. No importan las razones humanas
que podamos exponer. Un matrimonio que Dios inicia y termina es un “éxito”, y
uno que el hombre termina… es un “fracaso” (repetimos, hay excepciones).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
Comentarios
Publicar un comentario